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On Benidorm, on Oscar

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Fashion and Arts Magazine. Prensa Ibérica, 2017

The original text is in Spanish


Había oído hablar de él con reverencia. Era un tótem del diseño incuestionable, un esteta, un intelectual inclasificable. Un hombre que sabía lo que era bello y lo que no y lo sostenía con argumentos.

Leí su primer libro Más que discutible despacio, como me gusta leer, subrayando párrafos, releyendo páginas, tras siestas y baños inolvidables en las playas de Menorca adonde arrastré a mi novio de entonces. Me asombró el desparpajo de su estilo literario, pero sobre todo me emocionó la capacidad de identificar sensaciones que me eran afines. Sensaciones que descritas por él tomaban otra dimensión. Su elogio acalorado de la sombra, su manía al marketing, el temblor de los gemelos al andar con zapatos de tacón.

Volví a Barcelona con el libro manoseado, con ese aspecto trillado que adquieren los libros que dejan huella. Era imposible imaginar que nueve años más tarde me casaría con él. Un doce de julio, yo, Eva Blanch, me casaba con Oscar Tusquets Blanca.

Colaboramos profesionalmente desde el minuto cero. Tuvimos un perro, dos hijos, seguimos colaborando profesionalmente, discutimos, discutimos, tuvimos otro perro, fuimos a Italia, una, dos, tres veces y yo aprendía, aprendía, no me cansaba de aprender.

Hasta que Benidorm irrumpió en nuestras vidas y me sentí perdida. ¿Cómo podía el maestro de la sofisticación querer ir a Benidorm a pasar unos días, tan alegremente? Me resistí. Discutimos. Su fascinación por la ciudad alicantina se sustentaba en bases teóricas tan sólidas como las que exponía cuando hablaba de su tetera Oronda, la tetera que no quema al cogerla por el asa y no gotea al servir el té, y no sabes si el placer estético nace de su uso o de admirarla por sus formas preciosistas.

Oscar me contó que la esencia de Benidorm nace de un plan urbanístico modélico: La construcción en horizontal quedaba limitaba a unos metros determinados, la construcción en vertical, no: era ilimitada. Eso suponía que los edificios podían tener tantas plantas como quisiera su promotor o propietario, respetando, eso sí, y a diferencia de tantas poblaciones costeras, los metros cuadrados construibles. Aparecieron los esbeltísimos rascacielos que todo el mundo conoce, en primera línea de mar, en la décima línea de mar. Pero lo mejor no era eso, lo mejor llegó como consecuencia de la limitación en horizontal: los grandes espacios que surgen entre los edificios y que permiten la vida al aire libre, la fiesta en la calle, las zonas públicas, los comercios, las vistas al mar para todos y el sol diseminado hasta el recoveco más trivial.

Entendí la teoría. Pero ¿qué pasaba con esa fama de cutrez que hace que cualquier estiloso que se precie arrugue la nariz? Visité Benidorm. Claro que visité Benidorm. El año pasado cinco veces. Tomé dos mil cuatrocientas veintitrés fotos. Hicimos catorce collages, fotos mías retocadas y ampliadas pictóricamente por Oscar. Trabajar plásticamente con algo te ayuda a entenderlo, a amarlo.

Y ahora, si tengo que convencer a algún amigo de las bondades de esta ciudad, no le digo que gracias a un determinado urbanismo se ha generado una calidad de vida bastante óptima, tampoco le hablo de las ventajas de la construcción en vertical como solución a la necesidad imperiosa de absorber el turismo masivo (como por ejemplo, el menor impacto ambiental que se genera si lo comparas al de millares de casitas adosadas).

Al amigo le hablo de sensaciones. De lo que es llegar del norte, sumido en el invierno, y que te reciba un bendito micro clima. De la sensación de libertad, de anonimato, del ambiente desintoxicante, anti burgués, transparente. De un estar de vacaciones todo el rato, recordar Copacabana y Miami y bendecir el Mediterráneo. Comer los mejores arroces del mundo. Andar con arena en los pies de la playa al apartamento y al bar de la esquina y tomarse un mojito. Ver tantísima gente contenta.

El escritor Rafael Chirbes dijo que hay que disponer de una cierta inteligencia para apreciar Benidorm. Yo no lo sé si la tengo y a estas alturas tampoco me importa. Pero qué placer más grande liberarse de prejuicios y descubrir tesoros. Seguir aprendiendo.

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Group of architects and urban planners looking out over Benidorm from Sierra Helada. Oscar Tusquets in the center, 1970

En palabras de Oscar Tusquets: “Mi fascinación por Benidorm, que no viene de ahora si no de casi medio siglo atrás, escandaliza a la mayoría de intelectuales y de gente de “buen gusto”, pero es compartida por destacados sociólogos, urbanistas y arquitectos, aparte de por cientos de miles de turistas. La exposición GRAB BENIDORM es un homenaje a la actividad, aparentemente caótica, pero tremendamente vital, que esta ciudad genera, y se apoya en su estética, desconcertante pero cierta”